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¿Cómo son Bacheletianos, Lavinistas y Alvearistas?

Revista El Sábado , 5 de Febrero de 2005

Por primera vez un estudio muestra cómo los valores que representa cada candidato presidencial están determinando su popularidad entre los electores chilenos. Porque hoy las diferencias entre la concertación y la alianza son mínimas frente a los grandes temas de la política y la economía, y por eso los ciudadanos se están dando el gusto de preferir a quien mejor refleja su estilo de vida. En el gran santiago, al menos, ese perfil es claramente liberal"

En la última elección estadounidense, la discusión en torno a los "valores morales" causó polémica. De acuerdo al exit poll de CNN del día de la elección, éstos definieron el voto por Bush. Algo similar parece estar ocurriendo en Chile, pero en un sentido contrario

En la última elección estadounidense, la discusión en torno a los "valores morales" causó polémica. De acuerdo al exit poll de CNN del día de la elección, éstos definieron el voto por Bush. Algo similar parece estar ocurriendo en Chile, pero en un sentido contrario.

Por esta razón quisimos saber cuánto están pesando los valores a la hora de votar, pero a través de una vía indirecta. Así fue como primero preguntamos a las personas cuestiones relativas a cómo son y qué los mueve en la vida y luego entramos en su adhesión a los potenciales candidatos presidenciales. Y los resultados sorprenden.

Anteriores análisis permitían concluir que el eje valórico pesaba poco en las votaciones. Por ejemplo, en 1999, lavinistas y laguistas no diferían en su opinión respecto del aborto, el divorcio —asunto entonces aún no zanjado— y las relaciones prematrimoniales. Unos y otros reprobaban en igual medida el primero y aprobaban los otros dos. Esta encuesta, en cambio, sí encuentra diferencias significativas en esos y otros temas valóricos entre los adherentes de los tres actuales presidenciables.

La adhesión que aúna Michelle Bachelet es un fenómeno que en parte encuentra ahí su explicación. Pasar de un Presidente que ostenta un liderazgo masculino con todas sus letras, de un padre autoritario y de mal carácter, a desear tener en La Moneda a una mujer acogedora, simpática, de buen genio y femenina no es un salto menor. Mirando esta realidad a la luz de los valores que profesa el electorado, pareciera que estamos en el momento propicio para cambiar los énfasis.

Reina la sensación de tener un país ordenado, donde los temas nacionales parecen semirresueltos —porque habría excelentes profesionales en los tres bandos— y éstos no variarían demasiado en cualquiera de los gobiernos que se ofrecen. Los chilenos, entonces, se están dando el gusto de pensar sin temor, con una tranquilidad nueva, más allá de los asuntos políticos y económicos. Es por eso que no les importa no saber qué piensa la puntera, de la que se ha dicho tanto que nadie conoce sus ideas. Lo que están haciendo es dejarse movilizar por los valores que ella transmite sin necesidad de hablar. Unos para quererla, otros para rechazarla. Pero los más para preferir a una persona cálida, que no reta porque comprende; abierta, tolerante y que entiende que la vida está llena de dificultades. Y, muy importante, no traiciona al padre, el Presidente mejor evaluado desde el retorno a la democracia, porque tiene su misma alma socialista.

¿QUIÉNES SON LOS BACHELETIANOS?

Michelle Bachelet encarna por sí misma el perfil más liberal posible para una presidenciable de un país en vías de desarrollo. Su biografía personal le basta para perfilarse en este sentido. Y así lo demuestran sus adherentes –cuyo promedio de edad es de 40 años, es decir, el más joven de los tres grupos–, ya que está comprobado que mientras más años de vida se tienen, al menos en Chile, nos volvemos más conservadores.

Sus partidarios desean más que los lavinistas o alvearistas contar con más horas libres para poder, simplemente, vivir y disfrutar. Son los que más apoyarían a un hijo hombre que esta terminando cuarto medio y que decide estudiar música. Los bacheletianos se mueven en el mundo laboral buscando un trabajo que los realice antes que uno bien remunerado. Es que ellos están más con los valores de la realización personal que con los caminos convencionalmente demarcados para alcanzar el éxito económico o social. Valoran menos ciertas instituciones tradicionales, como el matrimonio; están más de acuerdo con que una pareja viva junta aunque no tenga intención de casarse y con que un hombre y una mujer se relacionen sexualmente antes de casarse. De hecho, creen, en mayor medida que en los otros dos grupos, que los casados no son necesariamente mis felices que los demás. Asimismo, consideran menos que pasar por el ritual del matrimonio sea imprescindible para tener hijos.

Son, de alguna manera, más partidarios de la libertad de elección del ser humano. Si bien reprueban el aborto, lo hacen menos que los otros. También son menos religiosos. Y consideran que los padres que no se llevan bien deben separarse en pro de la salud y felicidad de sus hijos. Son menos críticos respecto de las relaciones sexuales entre dos adultos del mismo sexo. Piensan más que los otros dos grupos de adherentes que la vida laboral de una mujer que es esposa y madre no afecta a sus seres queridos, y que su deber no es exclusivamente lo relacionado con el hogar y el cuidado de la casa y la familia.

¿QUIÉNES SON LOS LAVINISTAS?

Ciertamente, Joaquín Lavín ha perdido algo de la capacidad que lo llevó al empate en 1999: la de traspasar fronteras entre volantes muy distintos. Una de las causas de este hecho puede encontrarse en el incremento del peso de los valores. Esto adquiere sentido si consideramos el legado del actual Presidente. El socialismo dejó de ser para muchos un fantasma aterrador. Ricardo Lagos logró sepultar, muy probablemente para siempre en Chile, el temor que en muchos evocaban los recuerdos de la Unidad Popular. Hoy se sabe que un gobierno socialista no acaba con la economía de mercado ni arrasa estatizando.

Los que están con Lavín son personas que responden en mayor medida que se sienten muy felices con sus vidas. Es una felicidad que posiblemente les entrega la fe en Dios, ya que son también los que más practican su culto, una vez a la semana o más.

Los lavinistas -que tienen en promedio 44 años, el grupo más "viejo" de los tres- rehúsan en mayor medida los valores emergentes o de la modernidad en pos de los tradicionales. Y lo hacen en todos los ámbitos. Son los que menos piensan en tener más tiempo libre para disfrutar de la vida. Respecto de la profesión que esperan estudien sus hijos, son los que más se esforzarían por tratar de convencer a un varón de 18 años que ha decidido estudiar música de que busque opciones que le den más seguridad para su futuro. Son los que más reprueban las relaciones homosexuales. Respecto del rol de la mujer, son los que más las prefieren en la casa mientras el hombre se encarga de ganar dinero.

También son los que más valoran la institución matrimonial y los que en mayor medida piensan que los casados son más felices que los solteros y los que más creen que para tener hijos hay que casarse. Creen, más que los demás, que los hijos de padres mal avenidos crecen más sanos y felices si sus padres no se separan. Coherentemente, se oponen con más fuerza al aborto y están más casados que el resto.

¿QUIÉNES SON LOS ALVEARISTAS?

Es el grupo, con un promedio de 41 años, más moderado de los tres. Como su candi-data, no son de ideas radicales y buscan los puntos grises. A veces se acercan a los lavinistas, a veces más a los bacheletianos, pero siempre su tendencia esa la posición del medio. La presidenciable DC parece percibida como neutra o intermedia, es decir, encarnando bien la moderación valórica que tradicionalmente ha sido emblemática de la Democracia Cristiana.

Les importa tener tiempo libre, pero menos que a los bacheletianos y más que a los lavinistas. Apoyarían a un hijo que decide ser músico, pero menos que los primeros y más que los segundos. Su interés por un trabajo bien remunerado es similar al de los lavinistas. En relación con la convivencia prematrimonial, la apoyan tanto como los partidarios de Bachelet. Están, por consiguiente, más de acuerdo con las relaciones sexuales prematrimoniales que los lavinistas, pero menos que los más liberales. Lo mismo respecto del daño en los hijos por la separación de los padres. En materia de relaciones homosexuales, también están en el medio, más de acuerdo que los partidarios de Lavín, pero menos que los de la candidata del PS-PPD. Lo mismo ocurre con el rol de la mujer en la casa.

Se parecen mas a los lavinistas al creer en mayor medida que los casados son más felices y que las personas que quieren tener hijos debieran casarse. también están más cerca de los adherentes del ex alcalde de Santiago en su opinión respecto del aborto. La moderación hace una excepción en su opinión de que la mujer que trabaja a tiempo completo hace sufrir a su familia. Son los que más lo consideran así, mostrándose como los más conservadores de todos en este aspecto.

SANTIAGO LIBERAL

La hipótesis del peso de los valores en el voto se enriquece si consideramos otros aspectos. Cuando les preguntamos a los encuestador del Gran Santiago por quién vota-rían si la elección fuera el próximo domingo, un 44°, optó por Michele Bachelet, un 22% por el único hombre en esta elección y- un 10% por Soledad Alvear. Es decir, en el Gran Santiago Bachelet duplica a Lavín, lo que es mucho más que los 9 puntos porcentuales de distancia que arrojó recientemente la única encuesta nacional que tenemos, la del Centro de Estudios Públicos.

¿Por qué los dos contendores más potentes se separan tanto en el Gran Santiago? Lo que ocurre es que si bien todo el país se ha liberalizado en los últimos años en relación con las cuestiones valóricas, podemos suponer que el Gran Santiago siempre ha llevado la delantera en este proceso. Fundamentalmente por la educación, que juega un indudable papel liberalizador de las ideas en torno a valores. El promedio de años de estudio de acuerdo al Censo 2002 en el Gran Santiago es de 10,5 años mientras que en todo el país es de 9,5 años. Quienes poseen menos educación son los más conservadores en sus posiciones frente a la vida. A modo de ejemplo, al consultar sobre las relaciones homosexuales, el nivel de acuerdo de los más educados es cuatro veces mayor que el de aquellos menos educados.

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