| Prensa |
"Encuesta Datavoz: Bachelet vs. Lavín"
| Capital, 19 de noviembre al 2 de diciembre de 2004 | |
![]() |
Un análisis realizado por las socias de la empresa Datavoz -Ximena Hinzpeter, Carla Lehmann y Paulina Valenzuela- en base a una encuesta propia arroja novedosas explicaciones respecto a los movimientos de las preferencias electorales. La reciente elección municipal alteró el panorama político. Para indagar con mayor profundidad en las preferencias del electorado, Datavoz realizó los pasados 5, 6 y 7 de noviembre una encuesta telefónica con una muestra probabilística de 514 personas inscritas en los Registros Electorales y residentes en el Gran Santiago, donde la cobertura telefónica supera el 80%. El error muestral es de un 4,7%, considerando varianza máxima, un nivel de confianza de 95% y un efecto del diseño de 1,2. |
Al preguntar a los encuestados quién les gustaría que fuera la o el próximo presidente de Chile, mencionaron en primer lugar a Michelle Bachelet (36%), seguido por Joaquín Lavín (29%). Bastante más abajo en las menciones se ubicó Soledad Alvear (11%). Los que no han hecho aún su elección alcanzan un 16%. También fueron mencionados otros personajes políticos aunque con porcentajes menos significativos: Ricardo Lagos, Eduardo Frei y Adolfo Zaldívar (3,1%, 1,2% y 0,2% respectivamente). Con el objeto de observar tendencias se comparó esta misma pregunta con la submuestra de inscritos del Gran Santiago de las encuestas CEP de diciembre del 2003 y junio-julio 2004. Se constató una estabilidad en las preferencias por Joaquín Lavín, quien en este lapso de once meses mantiene un 29% de menciones. Lo mismo ocurre con Soledad Alvear en torno al 10%. En cambio, Michelle Bachelet crece desde un 19% a un 36%. De aquellos que dijeron -en la encuesta Datavoz- haber votado por un candidato a concejal de la Concertación, un 61% quiere que el próximo presidente sea Michelle Bachelet y un 17%, Soledad Alvear. De los que declararon haberse inclinado por un candidato a concejal de la Alianza un 76% está por Lavín1 . Es decir, todo indica que ambos candidatos -si se escucha la voz de la gente- están definidos: Bachelet vs. Lavín. El cambio experimentado en la sociedad chilena en cuanto a la percepción respecto de las capacidades femeninas es significativo. Mientras hoy un 67% de los encuestados responde que cree que los chilenos están dispuestos a votar por una mujer para la próxima elección presidencial, en una encuesta CEP de 1995, sólo un 4% consideraba que una mujer se desempeñaría mejor que un hombre como presidente de la República. Los apoyos por sexo y edad Viendo debilidades y fortalezas de los dos favoritos mencionados, hay que destacar que si bien Michelle Bachelet obtiene la primera mayoría entre las mujeres, entre los hombres, se encuentra empatada con Lavín. Esto es un dato sorprendente si se considera que tradicionalmente las mujeres votaban por candidatos de derecha. Ahora, ellas están priorizando otras variables del candidato antes que su tendencia política histórica. La ex ministra supera a Lavín en el grupo que tiene entre 18 y 44 años y empata con él entre los que cuentan con 45 años o más. Visto desde otro ángulo, el electorado que se inclina por ella tiene en promedio 6 años menos que el del candidato de la Alianza. Considerando sexo y edad simultáneamente, ella lo supera entre las mujeres y hombres de 18 a 44 años y empata con él entre los hombres y mujeres de 45 años y más. Los apoyos por nivel socioeconómico Considerando el estrato socioeconómico de los encuestados, en el grupo alto se produce un empate de los dos principales candidatos. En el medio, la precandidata de la Concertación gana. En el bajo, también se da un empate. Si comparamos estos datos por nivel socioeconómico con los de las encuestas CEP ya mencionadas el cambio más importante se observa en el grupo de los más pobres: un gran aumento de la ex ministra y una caída del candidato de la Alianza. A fines del 2003, Lavín contaba en ese segmento con un predominio indiscutible. A su vez en el sector medio destaca un alza sostenida de Bachelet mientras el ex edil se mantiene estable. Pareciera ser que el fenómeno Bachelet tiene ciertas características parecidas al fenómeno Lavín ocurrido en los años 1998-99, donde éste comenzó a subir sistemáticamente en el estrato medio. Lo anterior se vio posteriormente ratificado en un estudio realizado por Ximena Hinzpeter, Carla Lehmann y Paulina Valenzuela en el 2001 y publicado en el CEP, que concluyó que la alta votación obtenida por Joaquín Lavín en la segunda vuelta presidencial del 2000 -con relación a la obtenida por el Sí en el plebiscito de 1988- se explicaba fundamentalmente por personas de clase media que para el plebiscito de 1988 votaron por el No. Da la impresión que una parte de la clase media, hizo un paréntesis con Lavín el 2000, y hoy ha retornado a la Concertación. Sin embargo, es interesante notar que ese sector de la clase media no ha retornado a cualquier candidato de la Concertación, sino justamente a uno que tiene ciertas características similares a Lavín. Bachelet y Lavín son candidatos no tradicionales. Entonces es como si “el cambio” que anheló ese grupo el 2000, dándole sus votos a él, hoy lo estuviera representando una mujer, separada, médico, jefa de hogar, madre, sin pareja y ajena a los cánones de un político tradicional, una outsider. Los conquistables Tal como están las cosas hoy, ambos bandos deben concentrarse en conquistar votos para ganar la elección. Esta no está ganada. Por ende, la mira estará puesta sobre todo en aquellos que aún no han hecho su elección. ¿Quiénes son ese 16% de indecisos? En primer lugar, como era de suponer, 7 de cada 10, no se identifican con ninguna posición política. El resto que queda se divide en partes prácticamente iguales para la Concertación y la Alianza, lo que explica que dentro de ellos el número que votó por concejales de la Alianza sea idéntico al de quienes votaron por uno de la Concertación. Hay tantos hombres indecisos como mujeres indecisas, no predomina ningún sexo entre ellos. En cuanto a edad, son mayores: 6 de cada 10 de ellos tiene 45 años o más. Sólo la mitad de ellos cree que los chilenos están dispuestos a votar por una mujer. Esta cifra es bastante inferior a la del total de la muestra que alcanza a 7 de cada 10 encuestados. Considerando estos dos últimos puntos -la edad y la respuesta respecto a la mujer- podría pensarse que este grupo tendría una postura más conservadora que el resto de los encuestados. Si nos detenemos a pensar en el voto conquistable, hay que incluir otra variable, que es la que alude a la lealtad de las personas con un bloque político o con un candidato. Numerosos estudios sugieren que en el mundo actual ésta es cada día menor. Pero vale la pena volver cuatro años atrás a la segunda vuelta presidencial del 2000. Les preguntamos a nuestros encuestados por quién habían votado entonces y comparamos sus respuestas con lo que nos dijeron ahora sobre quién les gustaría que llegara a La Moneda. Los resultados arrojan un grado de fidelidad similar en ambos bandos principales: así como 8 de cada 10 personas que votaron por Lavín hoy sigue con él, los mismos números se aplican para quienes votaron por Lagos y están hoy con las ex ministras. Pero si miramos más fino, aunque la fidelidad es lo más común, la infidelidad también está presente. Por ejemplo, a Lavín se le podría escapar aproximadamente un 16% que ahora confiesa estar indeciso o a favor de la presidenciable socialista. A Lagos también lo han abandonado. Entre quienes confiesan haberlo apoyado el 2000, existe hoy un 12% que se encuentra indeciso. Los caminos para llegar a La Moneda Si intentamos desprender de esta encuesta algunas medidas que pudieran ayudar a los dos principales presidenciables a alcanzar su meta, es necesario considerar que este sondeo es representativo de los inscritos en los Registros Electorales del Gran Santiago y no de la totalidad del país. Además, hay que reconocer que inevitablemente un sondeo realizado después de cualquier elección está influido por ella. En casos como éste, se observa un efecto llamado “bandwagon” que consiste, en buen chileno, en subirse al carro de la victoria. Esto explica que muchos de los votantes del bloque perdedor no quieran revelar su preferencia. Dado este filtro, hay que ser cautelosos con las cifras y más bien poner el énfasis en los grandes fenómenos que se esconden detrás de ellas. Así, por ejemplo, el ambiente triunfador se modificó después de la última municipal. Mientras hace cuatro meses (junio-julio 2004-CEP) un 35% creía que en una futura elección ganaría Lavín y un 26% pensaba que saldría elegida Bachelet, hoy -en cambio- las cifras se dieron vuelta: un 44% cree que ganará Bachelet y un 30%, que lo hará Lavín. Teniendo lo anterior en consideración, es posible señalar que si logra imponerse la opinión de la gente por sobre intereses personales, partidistas o cálculos electorales de escritorio pero alejados de la voz de las personas, en la próxima elección presidencial veremos, por primera vez en el país, a una mujer compitiendo cara a cara con un hombre. Pensando en este escenario es que vale citar algo de lo dicho por el experto norteamericano Michael Sheehan en el libro Madam President. Shattering the Last Glass Ceiling, de Eleanor Clift y Tom Brazaitis. Ahí Sheehan entrega consejos para aquellas que sueñan con el sillón presidencial. Autoridad, liderazgo y aplomo son virtudes vinculadas principalmente con la masculinidad y una mujer debe esforzarse mucho más por representarlas. Una candidata debe demostrar con claridad que ella sabe tomar decisiones y ser ejecutiva, lograr que las cosas se hagan. Evidenciar que se maneja bien en situaciones de emergencia. Por otra parte, la candidata debe proyectar una imagen amistosa y cálida. Además, una candidata presidencial debiera contar con otra mujer ejerciendo el rol de generalísima de campaña, puesto que no debe exponerse a transmitir al electorado la idea de que es manejada por los hombres que la rodean, ya que ello minaría su ventaja de representar una opción innovadora, una nueva manera de hacer política, diferente a cómo los hombres lo han hecho hasta ahora. Agenda para Bachelet
Sin perjuicio del señalado planteamiento del experto norteamericano, la ex ministra de Defensa debiera intentar aumentar su votación entre la población mayor de 45 años, la cual es, en general, más conservadora en sus valores y probablemente desconfía de sus aires liberales y del hecho de que sea mujer. Además, debe realizar un empeño especial por lograr que los hombres le entreguen su confianza. Debe concentrarse en seguir creciendo entre los más pobres ya que si bien lo ha hecho, en ese sector está empatada con el presidenciable de la Alianza. Agenda para Lavín El líder de la Alianza, no obstante seguir siendo un candidato muy sólido, necesita encantar al segmento más joven de la población. Este grupo preferiría una propuesta suya de mayor novedad y menos conservadora. Lavín debe lograr aumentar su adhesión en la clase media, que es donde la ex ministra lo supera. Asimismo, debería esforzarse al menos por mantener sus preferencias en el estrato bajo. Por otra parte, existe otro factor a su favor que podría darle tranquilidad: hay una probabilidad mayor de que más indecisos se inclinen por él que por ella. Así las cosas, su gran desafío está con las mujeres. Es a ellas a quienes debe seducir. |
|
| Volver | |