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¿Carnaval de Encuestas?

Carla Lehman, Datavoz
Economista formada en la Universidad de Chile, es socia de Datavoz, empresa dedicada a los estudios de opinión pública y a la investigación de mercado innovadora, junto a Ximena Hinzpeter y Paulina Valenzuela. Tuvo a su cargo hasta el año pasado el área de opinión pública del CEP. Cree que la gente no es tonta y no se anda subiendo a carros ganadores. “La gente vota por el candidato que más lo identifica políticamente y mejor le resolverá sus problemas”.

-¿Qué efectos políticos tienen las encuestas?
- Hay que diferenciar 2 efectos: antes y después de la nominación de los candidatos. Antes de la nominación de los candidatos, las encuestas tienen gran influencia. Tienen poder para poner nombres en el tapete. También influyen a definir la plata que va a recibir tal o cual candidato. Después de la nominación se habla de los efectos bandwagon (subirse al carro de la victoria) y underdog (apoyar al perdedor). Creo que en períodos de campaña la influencia de las encuestas es mínima. Después de las parlamentarias del año 97, el CEP preguntó cuánto había influído la información de las encuestas en el voto y un 87% de la población del país dijo que nada. No hay evidencia empírica para demostrar que se esté produciendo el efecto bandwagon o underdog. Es muy complicado medirlo. Lavín, por ejemplo, en abril-mayo de 1999 daba como perdedor, con 12 puntos debajo de Lagos. Después, en la de septiembre-octubre, subió mucho. ¿Y eso fue por efecto de las encuestas de abril, porque la gente quizo apoyar al perdedor? ¡No!, no puedes saberlo, lo más probable es que no.

-¿Pareciera ser un hecho que las encuestas subestiman el voto de derecha?
-En algún momento eso sucedió, pero la tendencia se quebró con Lavín. Antes no era bien visto ser de derecha, había un cierto castigo seguramente conectado a la experiencia del régimen militar. En las encuestas del año 98 y 99 se había perdido ese temor a decir: “voy a votar por el candidato de derecha”. Lavín fue percibido como un candidato mucho más transversal, apolítico, preocupado por los problemas de la gente y todo eso permitió que ese temor desapareciera.

-¿Tienen las encuestas valor predictivo?
-A 7 u 8 meses de una elección no. Son una fotografía del momento. El electorado chileno ha tenido un cambio en la década de los 90 en términos de ablandarse. Antes era más fuerte este eje de derecha-izquierda. Eso se ha ido desdibujando y ha crecido el bloque de los ninguno, aquellos a los que en las encuestas políticas tú le preguntas “a qué posición política adhiere” y te dicen “ninguna de las anteriores”. Son más apolíticos, votan más por las características de los candidatos. Entonces estamos frente a un electorado más blando e impredecible que antes. Esto complica aún más las cosas. El grupo de los ninguno es grande y es el que decide la elección. Sólo es posible predecir cuando se está muy cerca de la elección, cuando el grupo de indecisos se ha reducido bastante.

-¿Qué perfil tiene esta gente?
-Son gente un poco menos educada que el total de la muestra, levemente más pobre, y con un nivel de politización súper bajo. Son personas que no hablan de política y no ven programas políticos en la televisión. Este grupo tiene un voto mucho más intuitivo que el voto duro de la Alianza y la Concertación.

-¿Cuándo se puede determinar adónde se inclina la balanza en una elección?
-Es muy difícil contestarlo. Podría decirse que un mes antes, pero aun así siempre puede suceder algo que cambie totalmente las cosas. Lo sucedido en España es un buen caso: dos días antes de la elección se produjo un atentado, el escenario político cambió y cambió también la votación. En el 99, la encuesta CEP de septiembre-octubre, tres meses antes de la elección, nos dio un empate estadístico y eso no cambió después. La encuesta CEP es muy potente porque tiene cobertura rural y urbana en todo el país y cuenta con una metodología muy buena, probabilística en todas sus etapas, que hace que uno se puede sentir muy seguro. Pero aun así tiene un error, de tres puntos porcentuales, que en el caso de un empate puede ser muy relevante”.

-Pareciera desconfiar mucho de las encuestas telefónicas.
-Es que tienen un sesgo muy importante, al dejar fuera una parte importante de la población..Y hay una correlación entre tenencia de teléfono y nivel socioeconómico: los que no tienen línea telefónica son los más pobres. Y está comprobado que hay diferencias importantes de intención de voto por niveles socioeconómicos. La encuesta telefónica tiene dos ventajas: la rapidez y el costo. Y dos grandes desventajas: la extensión del cuestionario y la cobertura. La cobertura telefónica en Estados Unidos es altísima y casi todas las encuestas son por teléfonos. Pero en Chile la cobertura nacional telefónica es de 52%, según el censo del 2002. Sin embargo, es muy variable según región, circunscripción y distrito. En el Gran Santiago por ejemplo, bordea el 80%. Es una cobertura suficiente para realizar telefónicas, pero fuera de Santiago esta cobertura baja muchísimo.

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