| Prensa |
| Nuestra sociedad es cada vez es más liberal no la complican, aceptan disolver un matrimonio mal ávido y la virginidad ya no vale como antaño. No obstante, hay un límite claro a esta apertura: la homosexualidad sigue siendo mal vista. Y una sorpresa: no nos importa tanto el dinero como tener hijos felices, lograr el amor de pareja o realizarnos en el trabajo. Aquí una mirada a lo nuevo de nuestra identidad, y las diferencias valóricas entre hombres y mujeres, jóvenes y adultos y entre segmentos sociales. Porque los chilenos están cambiando, pero no todos por igual. |
El país ha vivido un proceso de liberalización de sus valores y creencias durante los último años. La encuesta que realizamos especialmente para "El Sábado" nos mostró que el Chile de hoy está valoricamente muy lejos del de comienzos de la democracia y podríamos elucubrar que quizá se encuentra más cerca de su esencia, una que por muchos años el gobierno de Augusto Pinochet opacó. No lo sabemos, porque ¿como ha sido siempre el alma chilena? ¿temerosa de lo diferente o más bien innovadora y amante de la diversidad? Es decir, ¿se nos mudó el alma o la recobramos? preguntas abiertas a miles de respuestas. Al menos lo que refleja muestra encuesta, realizada en enero por teléfono en el (Gran Santiago, es que la actitud contraria a los cambios -que opta siempre por lo conocido, seguro y familiar, y que valora las instituciones heredadas por considerarlas ricas fuentes de sabiduría– no es la más frecuente hoy. Por el contrario, hay más individuos que se inclinan por lo novedoso. Esto se aplica tanto a hombres como a mujeres, aunque el sexo masculino se muestra levemente más liberal que el femenino. En términos de edad, el grupo más liberal es el que tiene entre 18 y 24 años y, lejos, los más conservadores son los de 45 o más años. En ese segmento conservadores y liberales empatan. En cuanto a estrato socioeconómico, el más bajo es el que ostenta valores fuertemente más tradicionales. De hecho, es el único donde hay más personas que simpatizan con las tradiciones que gente que quiera romper con ellas. En el grupo con más recursos, en cambio, casi 8 de cada 10 personas piensan de manera liberal. De todos modos, en lo global, constatamos un país que se mueve hacia los valores liberales. Por ejemplo, la aceptación de las relaciones prematrimoniales creció siete puntos porcentuales desde 1991, mientras la idea de que el aborto es algo que debe prohibirse siempre bajó 20 puntos desde ese mismo año. Y entre 2002 y 2004 el porcentaje de personas que aprobaban la distribución de tareas "hombres ganando el sustento-mujeres cuidando el hogar" se redujo a la mitad. Hoy, quienes profesan ideas "liberales" son mayoría absoluta (64%,). De hecho, a nuestro juicio, dos instituciones clave para cualquier conservador – la Iglesia y la familia– muestran escaso poder de convocatoria. Siete de cada 10 encuestados considera correcto que un hombre y una mujer tengan relaciones sexuales antes de casarse. Apoyan la idea de vivir juntos sin legalizar el vínculo, e incluso un no menor porcentaje acepta la decisión de tener hijos así. Y si un matrimonio se lleva mal, 6 de cada 10 encuestados es partidario de que, por el bienestar y felicidad de los hijos, se recurra al divorcio. Se nos muestra una baja valoración del matrimonio, ya que para tener sexo, vivir con la pareja o tener descendencia no es necesario casarse. Es muy probable que esto se deba a que la búsqueda de la felicidad ha pasado a ocupar un lugar relevante en las metas vitales, y son muy pocos los que piensan que el matrimonio efectivamente entregue ese anhelado bien más que otros estados civiles. Si nos comparamos con países como Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña, aparecemos más liberales que el primero, pero mucho menos que los otros dos. Los chilenos se manifiestan más proclives que los estadounidenses a aceptar las relaciones prematrimoniales y el tener hijos sin haberse casado. Sin embargo, el grado de aceptación es mayor entre canadienses o ingleses. Con todo, a la hora de comprender una relación homosexual damos un gran salto hacia atrás. Sólo 3 de cada 10 aprueban este comportamiento, mucho menos que las tres naciones mencionadas. En Estados Unidos, según la empresa Gallup, en mayo pasado el 52% de los encuestados declaró que las relaciones homosexuales entre adultos de mutuo consentimiento deberían ser consideradas legales y el 54% declaró que es un estilo de vida alternativo aceptable. En cuanto al papel de la mujer, observamos una situación ambigua. Por una parte, sólo el 23% cree que el lugar del sexo femenino esté exclusivamente dentro de la casa, realizando labores domésticas y de cuidado del hogar y la familia. No obstante, 8 de cada 10 personas piensan que si ellas salen a trabajar a tiempo completo fuera del hogar, la familia –hijos y marido– sufre. Vemos aquí la presencia de dos valores en conflicto: el valor de la tradición –madre y esposa abnegada en casa– versus el valor de la modernidad: madre trabajando, profesional exitosa que aporta al ingreso de su hogar y es un par para su marido. El puente que podría resolver la tensión valórica nos parece claro: trabajos flexibles, desde la casa o en jornada parcial. Respecto del aborto, la liberalización de Chile es tan rotunda que el 50% se inclina por permitirlo en casos especiales y el 20% podría considerarse francamente abortista, pues apoya que sea una libre opción de las mujeres. Sólo el 28% de los encuestados estima que debiera estar siempre prohibido. Si comparamos esas respuestas con las recogidas en Estados Unidos por Gallup, el año pasado, nos situamos como menos respetuosos de la vida del que está por nacer. Sólo el 8% de los norteamericanos considera que el aborto es aceptable dependiendo de la situación y el 40% lo cree siempre aceptable. Entonces, los pro aborto en el país del norte suman sólo 48%,. En cambio, en nuestra encuesta son el 70%, de los encuestados. En cuanto a la religión, si bien casi 7 de cada 10 encuestados se confiesan católicos, sólo 3 de cada 10 observan su credo. No ocurre lo mismo con los evangélicos quienes, siendo muchísimo menos numerosos que los católicos, son también mucho más activos. La mayoría de ellos declara practicar su religión una vez a la semana o más. La encuesta Gallup 2004 muestra que en Estados Unidos los observantes de su religión son el 44% y los no observantes, el 56%. En Datavoz-El Sábado estos últimos alcanzan el 70%. Una muestra de cómo se ha secularizado nuestra sociedad. MÁS IDEALISTAS El dinero no lo es todo. Nuestros encuestados muestran valorar mucho más lo inmaterial. Al parecer, tanta advertencia de que nos estaríamos transformando en una sociedad consumista ha tenido su efecto, o quizá ha sido innecesaria. La encuesta revela personas mayoritariamente idealistas (60%), en el sentido de que, más que dinero y bienes materiales, buscan felicidad para sus hijos y su vida de pareja. El mayor anhelo es criar hijos sanos y felices. La segunda aspiración, tener una relación de pareja estable y feliz. Recién la tercera aspiración es alcanzar una posición económica consolidada. Cuando se analiza según género, las mujeres llevan la delantera en cuanto a idealismo. Por edad, el grupo más idealista, curiosamente, no es el de los jóvenes sino el de los que tienen entre 25 y 44 años. Los jóvenes manifiestan tanto interés por lo material como el del grupo que tiene 45 o más años. Por estrato socioeconómico, los que tienen más son los más idealistas. Es que les cuesta menos serlo. Con las necesidades materiales satisfechas, no pensar en aquello que no tiene precio sería no solamente extraño, sino digno de un corto entendimiento. El grupo más obsesionado con mejorar su situación económica es el más pobre pero, en nuestra opinión, eso no es materialismo sino necesidad. Respecto de los hijos, 8 de cada 10 encuestados apoyarían sin reparo alguno a un hijo de 18 años que decide estudiar música, mientras muy pocos lo tratarían de convencer de que busque otra alternativa que le dé mayor seguridad para su futuro y prácticamente nadie le negaría su apoyo. En esta misma línea, 6 de cada 10 encuestados declararon desear un trabajo que los realice antes que uno bien remunerado. Podemos suponer que, enfrentados a elegir entre una ocupación que permita el desarrollo pleno de las capacidades individuales y una enajenarte pero mejor pagada, el grupo más numeroso se queda con la primera. Todo esto se ve corroborado al preguntar las personas cuánto necesitarían ganar pan dar por satisfechas sus metas económicas Indagando así en sus ambiciones concretas la mayoría nos respondió con una cifra igual o incluso inferior a la del promedio de su grupo socioeconómico. Sólo 4 de cada 10 desea ganar más que eso. Por supuesto, este cambia entre los más pobres, donde 7 de cada 10 desean ganar más que el promedio de la clase baja. Pero entre los más necesitados estas respuestas no hablan de materialismo, sino más bien del deseo de surgir. Frente a la pregunta que indaga en las aspiraciones que se tienen para un hijo o hija, el éxito económico casi no aparece mencionado. Y los comportamientos éticos o morales cobran principal importancia. Lo que más desean todos, tanto para un varón como para una mujer, es que sean primero personas éticas con fuertes principios morales y luego, individuos que vivan de acuerdo a sus propios deseos y aspiraciones. Es decir, que vivan tanto correctamente como sin traicionarse, siguiendo lo que su mente y corazón les dicta. Como tercera mención aparece la paternidad-maternidad, siendo más valora-do el rol de madre que el de padre. En cuanto a la fama, que parece tan de moda en estos días, lo cierto es que nadie la valora entre los encuestados. |
| Volver |